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Parece que fue ayer, pero ha transcurrido un cuarto de siglo…
Lo que parecía iba a ser una pequeña y corta experiencia, un casual experimento intercultural, se ha convertido en una auténtica e irrenunciable necesidad que nos embriaga de emoción y nos motiva apasionadamente para seguir en la brecha, año tras año, profundizando en esta enraizada tradición de la percusión de tambores y bombos, con dulces y sonoros toques de amistad y solidaridad; con renovados redobles de cariño y afecto; con la alegría de volver a compartir las noches mágicas tamborileras con esa multidiversidad de costumbres autóctonas que se entremezclan, laten e irradian calor, color y un sentimiento común que a mí, como tamborilero, me cuesta definir en un papel, es materia que prefiero dejar para los grandes poetas y escritores, como Tomás Preciado, quien, con un lenguaje sencillo y a la vez exquisito, nos legó a todos en este bellísimo poema:
“Tambor, tambor hellinero
al que mi sangre se aferra,
para cuando muera quiero
yacer aquí en esta tierra
como un buen tamborilero.”
Hellín, tierra sencilla y generosa, vuelve a abrirse de par en par a las tierras de Aragón, Valencia, Andalucía, Murcia, a los vecinos de Agramón y Tobarra, y a todas las personas de bien que deseen visitarnos, ofertándoles lo más entrañable que tenemos: nuestras gentes, de mente abierta y hospitalaria; sus calles, sus plazas, su hostelería y servicios, sus peñas tamborileras, sus iglesias, sus imágenes, sus cofradías y, sobre todo, sus campos y su hermoso cielo azul de primavera, que nos impregna de emoción, porque, amigos, se aproxima la Semana Santa…
A todos: ¡Bienvenidos a Hellín, la Ciudad del Tambor!
Diego García Caro
Alcalde de Hellín
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